Lacaniana

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Lacaniana

Mensaje  jordytellez el Dom Mar 30, 2008 1:14 am

La estructura lógica permanece inalterable
mientras por mecanismo metafórico de sustitución corre la cadena de
significante ocupando los distintos lugares, lo que provoca un efecto
de sentido. Padre, madre, hijo, son lugares a ocupar sin sentido
inherente más allá del que concretamente en tiempo y espacio adoptan
unos respecto de otros. Sólo la diferencia de posición da sentido
arbitrario y contingente (esto funda la topología como intento de
expresar la lógica de las posiciones).
El
sentido siempre es subjetivo, y por lo tanto atañe a la
responsabilidad, ya que sin responsabilidad no hay sujeto. Donde
comienza el sujeto comienza la responsabilidad, incluso por lo vivido
como ajeno y extraño. Esta responsabilidad por lo “inconsciente” funda
la clínica psicoanalítica y la interrogación del sujeto barrado.
El
proceso de curación tiene que ver con la asunción de la propia
responsabilidad por las decisiones conscientes e inconscientes. Esta responsabilidad no debe confundirse con la “culpa”, que remite a un superyó tirano y que constituye una forma de goce.
Más allá de “Otro” de la ley, se construyen los valores procesando creativamente lo dado y lo inherente.
El
recorrido del objeto del deseo transcurre en deriva metonímica,
tratando la parte por el todo mediante asociación por continuidad. El
deseo se instituye en torno a una “falta”, la contornea y define.
La
palabra, en lo que tiene de concepto, es muerte de la cosa. El concepto
generaliza y elimina las diferencias subjetivas, siendo a la postre la
única igualdad final entre los seres vivos la muerte. Mediante el
símbolo y el rito intentamos atrapar lo inefable.
Lo
fundante del ser es el íntimo desconocimiento de sí mismo, la falta
constitucional, la contingencia de la existencia y su afecto
fundamental: la ansiedad. Esta es respuesta ante la caída de la trama
simbólica ante lo real. Donde el ser hablante balbucea y el rito se
quiebra, esto es, ante la muerte y el sexo. De aquí surge la angustia,
el afecto que no engaña, ante un exceso que falta.
La
clínica del límite que vivimos es reflejo de la época actual. En pleno
triunfo del capital y de la vida virtual, los lazos sociales se
debilitan. Esto determina una clínica de lo Real, donde la capacidad de
simbolizar se pierde a falta de un entramado social consistente. A
nivel individual el hombre y la mujer postmodernos sufren el fracaso de
la Ley, ante el declinar del Nombre del Padre y el lazo social. El
imperativo actual de gozar ejerce de superyó actual (“debes gozar”). En
este sentido el sujeto se vuelve objeto de la maquinaria capitalista
que goza de cada uno como objeto (“consumidor”), así nos hacemos cargo
de una sociedad de corte psicótico donde nos vemos abocados a ser
objetos del goce de Otro.

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